martes, 19 de julio de 2011

por muy directas que sean, siempre dolerán

Adiós. Es una palabra bastante simple a mi parecer. Consta de 5 letras y de un hiato entre la 2º y 3º sílaba. Puedes repetirla mil veces hasta hartarte. Puedes pronunciarla con más o menos entonación, y con diferente tono, voz y timbre. Incluso puedes escribirla en un papel y tirarla a la basura sin importarte si quiera su significado.
El problema no es la palabra, sino los gestos y la voz con la que se pronuncia. Puede significar una despedida entre dos personas hasta que se vuelvan a encontrar, una forma de vacilar o incluso puede formar parte de una broma. Depende de la situación en la que se utilice. Normalmente, es muy común que no sea definitiva. Pero, cuando el momento es embarazoso y la alegría no es que acompañe mucho al instante, puede ser letal. Esta palabra tan simple puede hacer que nos sintamos mal, que nos volvamos locos de amor, que suframos, que lloremos, incluso que nos cuestionemos seriamente nuestra existencia en el mundo.
En el fondo, las palabras simples son las que más mensajes contienen, e incluso las que más duelen. Son directas, dañinas y no se andan con rodeos. Escupen verdades como palos chocando contra tu cuerpo. A mi parecer, las palabras cortas son una tortura moral.



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